La historia de la música incluye capítulos de muchísimas de sus estrellas, pero entre ellas destaca el nombre de la estadounidense Billie Holiday, un diamante nacido del dolor y cuya voz conmovía por la pasión con la que cantaba el jazz.

Nacida en Filadelfia el 7 de abril de 1915 bajo el nombre de Eleanora Fagan Gough creció en un barrio de Baltimore y sufrió desde edades tempranas el abandono de sus padres adolescentes.

Tristeza y mezquindad fueron constantes en diferentes etapas de su vida, y así creció Billie, rodeada de parientes con mala reputación que abusaron de su inocencia y la marcaron con un dolor que la acompañaría siempre.

LA FIGURA DE LA MADRE

Pasó un tiempo para que la joven dejara atrás sus resentimientos e intentara reconciliarse con su madre. Luego de poner fin a las tensiones en dicha relación emprendieron juntas un viaje que terminaría en Nueva York.

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En esa ciudad Billie trabajó como empleada doméstica y, sin muchos más recursos, acudió a la prostitución para sobrevivir. Esa etapa acentuó sus penurias afectivas y fomentó en ella la tristeza y melancolía que un tiempo después caracterizaron sus interpretaciones.

Con un talento innato que estremecía a quienes la escuchaban aligeró el lastre de su pasado, que sería poco ante los sufrimientos que le aguardaban por su adicción a las drogas.

ÉXITO Y RACISMO

Billie debutó en 1933 con la canción Your Mother’s Son-In-Law junto a un grupo de músicos dirigidos por el clarinetista y director de orquesta estadounidense Benny Goodman.

Después de establecerse en Harlem, la fama de Lady Day creció con la grabación de un primer disco, sin embargo, su estreno en el teatro Apollo de Nueva York acaparó la atención de la crítica especializada, que no titubeó en ovacionarla.

Billie trabajó con estrellas como Louis Amstrong, Lester Young, Count Basie y Artie Shaw convirtiéndose en una de las intérpretes negras de mayor reputación, pero no escapó del racismo de la época que le impidió usar la entrada principal de las salas en las cuales actuaba.

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De esta manera, la extraordinaria Lady Day tenía que esperar en un cuarto oscuro lejos del público antes de aparecer en escena.

El rechazo por el color de su piel marcó un intenso compromiso en la lucha contra el racismo, determinación que eternizó en Strange Fruit, de 1939, calificada la mejor canción del siglo XX por la revista Time en 1999.

Aquel tema escrito por Abel Meeropol fue una de las obras de arte que con más fuerza condenó los linchamientos en el sur de Estados Unidos y uno de los primeros lemas del movimiento por los derechos civiles en ese país.

LAS DROGAS, UN CAPÍTULO OSCURO

Con regularidad, los éxitos de Billie fueron ensombrecidos por su dependencia de las drogas, además estuvo detenida y cumplió condena por posesión de narcóticos dándole así un matiz aun más turbulento a su existencia.

El alcohol y los estupefacientes la llevaron a un abismo oscuro en el cual que murió a los 44 años como consecuencia de una cirrosis hepática. No obstante, los misterios que aún rodean su existencia proporcionan un tono particular a sus actuaciones.

Para el crítico Robert Christgau, Lady Day “era inigualable y posiblemente la mejor cantante del siglo XX”.