Joe Biden, foto de Gage Skidmore

“Estados Unidos está de vuelta”, fueron las palabras del presidente Biden en su primer discurso sobre política exterior el pasado 23 de febrero. Biden ha llevado un mes de mandato con acciones a ritmo diario para desmantelar el “LegadoTrump” y avanzar hacia una política de “recuperación de espacios perdidos”. 

Pero la postura del presidente dista mucho de acercarse a la política Obama. Podría considerarse que en lo que a Oriente Medio respecta, es una continuidad de Trump, a un nivel más agresivo. El período de su vicepresidencia durante Obama se caracterizó por diálogos, negociaciones y tropas activas en el terreno (una de cal y otra de arena).

Al asumir su cargo el 20 de enero, Biden encontró un Estados Unidos en repliegue en Oriente Medio, optando por acciones quirúrgicas (estilo Soleimani) y altas tensiones diplomáticas. La relación con Irán estaba en los peores momentos y se creyó que con Biden se podrían recomponer los acuerdos de Viena de 2015, rubricados por Obama. La realidad en este momento es otra. 

Ataque quirúrgico contra general Soleimani.

Irán se encuentra enriqueciendo uranio a índices superiores al 60%, lo que le acerca a la producción de su primera bomba nuclear. Esta es la carta de presión de la República Islámica, Ali Jamanei dijo el domingo 7 de Febrero de 2021, en un discurso televisado a altos mandos de la Fuerza aérea: «Si quieren que Irán regrese a sus compromisos (…) EE.UU. debe levantar completamente las sanciones, en la práctica y no en el papel».

Biden se muestra opuesto a cualquier negociación en la que sea Estados Unidos el primero en dar el paso de acercamiento. La presión de Irán ha sido un tiro por la culata, pues el presidente norteamericano pasó de la confrontación verbal a las acciones militares en el terreno, ordenando el ataque a milicias entrenadas y financiadas por Irán en Siria. Este tipo de estrategias de negociación, donde se pone la apuesta más alta parece sacada del libro de Trump “El arte de la negociación”. 

Mi estilo de hacer negocios es bastante simple y directo. Apuntó alto y entonces no dejo de empujar y empujar y empujar para obtener lo que busco.

Donald Trump

Israel, el aliado eterno.

El estado judío logró finalmete, durante el mandato de Trump, el reconocimiento de su derecho a existir como estado por la mayoría de paises árabes de la región. Los acuerdos de Abraham van más allá de un simple vinculo diplomático, es la consolidación de relaciones comerciales, militares y de inteligencia entre las monarquías y gobierno sunnies con la democracia sionista. 

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Los “Acuerdos de Abraham”, son la mesa servida de Trump a Biden en la región. El presidente saliente le dejó al demócrata un muro de contención arabe-israelí contra el expansionismo iraní en Siria, Iraq y Líbano. 

Cierre de un frente, apertura de otro

A pesar de todo lo que se pueda estar hablando en este momento sobre la relación de Estados Unidos con su aliado, Arabia Saudí, el tema Khashoggi no pondrá en riesgo las relaciones estratégicas entre la casa reinante y su principal vendedor de armas. 

Los saudíes son un puntal en las relaciones con Israel en la zona y la línea de avance entre Irán y la península arábica. La familia Saud deben estrechar lazos con Israel para operar de manera efectiva el ejército super equipado y poco funcional que posee. 

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El presidente Biden generó una movida espectacular el pasado 4 de febrero, cuando amagó con retirar el apoyo a Arabia Saudí en la estancada guerra de Yemen. El ejército saudí ha sido incapaz de controlar los avances de los rebeldes hutíes, armados y entrenado por Irán; por lo que sacarlos de ese atolladero, más que una actitud de enemistad, es un vaso de agua en medio del desierto.

El gobierno de Joe Biden les habló directamente a los hutíes, buscando apaciguar la frontera sur saudí: “Exhortamos a los hutíes a que cesen de inmediato los ataques que repercuten en las zonas civiles dentro de Arabia Saudí y paren cualquier nueva ofensiva militar dentro de Yemen, porque solamente acarrean más sufrimiento al pueblo yemení”. Dijo en un comunicado el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.

La administración demócrata busca sacar a los hutíes de la lista de organizaciones terroristas. Así se enfriaría la cuestión yemení, menguaría la influencia iraní en la región y concentrarían los esfuerzos de un aliado tan importante (como tan torpe) en la defensa del creciente fértil (Siria e Iraq).

La ofensiva tenaza

Ordenar el tablero dejado por Trump en la región es lo que intenta el presidente Biden. Trump consolidó lo impensable, un muro defensivo entre Israel y las monarquías del golfo. Pero la defensa no es la mejor estrategia, se debe pasar a la ofensiva si es que no se desea la consolidación de posiciones iraníes. 

La guerra contra Irán es una posibilidad que no puede ser descartada. El intenso pulso político entre Estados Unidos y el país persa son un signo de alarma.
Hasaka en el Kurdistán sirio es el centro de operaciones de Estados Unidos.

Para poder consolidar una posición al norte, Estados Unidos se debate entre estrechar su relación, ya compleja con Tayyip Erdogan o retomar la amistad traicionada con la región autónoma de Rojava (Kurdistán sirio), un país independiente de facto pero bajo jurisdicción siria. 

“Al retirar precipitadamente a un pequeño número de tropas especiales de Siria, Trump se las arregló para de una vez traicionar a nuestros aliados kurdos que ayudaron a derrotar a ISIS y a crear una crisis humanitaria para civiles inocentes y monitores religiosos que están atrapados en el fuego cruzado”

Biden durante su campaña presidencial en 2019

Desde el 24 de febrero Estados Unidos mueve material bélico hacia su base en el corazón del Kurdistán. Las fuerzas norteamericanas en la zona de Shaddadi, en el sur de la provincia de Hasaka reciben pertrechos bélicos que van desde material de artillería hasta blindados, según reportó la televisión siria.

Negociar con Erdogan puede demorar meses, sino años. Pero con los kurdos basta con pedir disculpas y ponerse a su lado nuevamente como aliados. El fortalecimiento militar y el apoyo diplomático al Kurdistán sirio podría abrir una franja anti iraní que le permita a Estados Unidos fortalecer un frente al norte y armar una tenaza ofensiva contra Siria e Iraq y las avanzadas iraníes en el terreno.

En caso de un conflicto abierto con Irán la ocupación masiva de Siria, Líbano e Iraq le evitará a los Estados Unidos y sus aliados combatir en varios frentes auspiciados por Irán y le obligaría a las tropas iraníes a replegarse al interior del país persa.