Hoy el tema del día, el “escándalo” es la frase de Alberto Fernández en su comparecencia junto a Pedro Sánchez. Como si fuese la primera vez que se escuchase. “Los Argentinos descendemos del barco”, dijo, ¿alguien que leyó algo de historia puede dudarlo?

Jorge Luis Borges dicen que solía afirmar, con ironía filosa, que los argentinos descienden de los barcos, por las corrientes migratorias del pasado siglo, cuando cruzaron el Atlántico miles de emigrantes (italianos, alemanes, españoles y más) casi muertos de hambre, la mayoría ignorantes, tras el sueño de un destino mejor.

¿Cuántos saben que antes la había pronunciado el escritor mexicano Carlos Fuentes…? Y hasta es posible que Fuentes no fuese el primero en afirmarlo. Marcos Aguinis en su libro “El atroz encanto de ser argentinos”, le atribuye la frase a Octavio Paz: “los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas, y los argentinos….de los barcos”.

Lo importante no es quién lo dijo sino lo que dice. Lo importante es el mito. El aluvión inmigratorio dio forma, para bien y para mal, al indudable mito del crisol de razas que definiría al ser argentino, supuestamente.

SIEMPRE EXPLICANDO Y PIDIENDO DISCULPAS

Y mientras Alberto se disculpa, los medios difunden y confunden e internacionalmente se forma un revuelo del carajo por algo que les sonó a herejía cuando no refleja más que una realidad casi antropológica ligada con poética, la oposición huérfana de ideas; muchos descendientes de aquellos “descendidos de los barcos”; olvida sus cuitas pasadas para bien.

Alberto no pidió disculpas al “querido rey” por independizarse de la corona, ni lanzó la estúpida idea de que los patriotas de la Independencia “tuvieron miedo al pelearla”. El odio antiperonista y la necesidad de votos logran el milagro de que la oposición argentina se preocupe por la identidad de los pueblos originarios; de acá y de otros lares; sólo para criticar la frase de Alberto Fernández.

LO QUE NO SE DICE O “SE OLVIDA”

Los pueblos originarios de Argentina fueron asesinados y diezmados por la Campaña del Desierto durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, encabezada por su Ministro de Guerra Julio Argentino Roca entre 1874 y 1888, quedándose con casi 50 millones de hectáreas que quedaron en manos de unaS 1850 familias convertidas en terratenientes.

Fue análogo a la Conquista del Oeste de los Estados Unidos. Las mismas familias que sus choznos nietos integran hoy como exponentes de la oligarquía agroexportadora. No hay una historia indoamericana como México, Perú, Brasil o Paraguay. Casi no quedaron originarios. Fueron sustituidos por los europeos descendientes de los barcos.

LOS “OFENDIDOS”

Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, entre 1876 y 1903; 27 años; se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, lazos económicos y familiares con esos gobiernos, principalmente a la familia Roca”.

Los documentos que menciona dicen que “67 propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban 24 de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la última dictadura militar.

A ellos se unieron los inmigrantes. La mayoría solo empeñados en progresar trabajando, pero entre ellos una crápula de inescrupulosos cuyo empeño fue escalar económica y socialmente a como diera lugar. De ellos descienden, como de los barcos, los que hoy, por ignorancia supina, tendenciosa u oportunista, denuestan a Fernández.

LAS PUTAS DISCULPAS

Y corre el agua bajo el puente. Al Bolsonaro imbécil que hace gala de su inequívoca ignorancia y apaña a los depredadores de la selva amazónica, cagándose olímpicamente en sus originarios; mientras deja morir a miles de brasileños por no creer en el covid; le molesta lo que dijo Alberto.

A los mexicanos que les cuesta aceptar a sus indígenas, que desde la caída de Tenochtitlán prefirieron; en aplastante mayoría; optar por Cortés en lugar de Moctezuma, que les costó tragarse el sapo de Benito Juárez al frente de su República y que en sus telenovelas venden al mundo una imagen de blancos, rubios o casi europeos, les molesta lo que dijo Alberto.

Y en la Argentina mal amalgamada, en que la prepotencia y malas mañas porteñas querrían representar al país (gracias a Dios, sin lograrlo), otros muchos que olvidan al mamerto que pasó por la Casa Rosada entre 2015 – 19, prefieren no pensar en sus más de 100 días de vacaciones, en sus frases; más que frases, memes; que desnudaban su estupidez congénita.

Este al menos trabaja. Consiguió que el país no se vaya al carajo en medio de la pandemia y para colmo logró que Argentina sea la única nación productora de una vacuna en América del Sur: la Sputnik V, de probada eficacia y de la que pronto saldrán millones de dosis no solo para el país, sino para los que la necesitan allende las fronteras.

Tanto olvido premeditado, tanta ignorancia, tanta alharaca por nada.