Abilio Estévez. Foto cortesía del escritor.

Reviso mi email y allí están las respuestas. Ha contestado rápido -pienso-, y la curiosidad se apodera de mí. Leo a primera vista, y luego en profundidad una, dos y tres veces, quizás más. Siento que he logrado lo que quería: una conversación diáfana con el escritor cubano Abilio Estévez. No voy a escribir mucho. Este es un espacio para él.

Hablar sobre Abilio Estévez supone un reto inmenso para mí por la admiración que le profeso desde hace muchos años. Por tal motivo, prefiero solo hacer estos escuetos apuntes y recordar que su obra abarca teatro, cuento, poesía, ensayo y novela.

En la actualidad se le reconoce como uno de los escritores más importantes de su generación, siendo una de las características de su narrativa el uso exquisito que hace de la lengua española.

Ed 24. Tu obra no es autobiográfica, pero quienes te conocen bien saben que hay personajes y relatos inspirados en ciertos pasajes de tu vida, incluso algunas personas aparecen con sus propios nombres, ¿cómo es el proceso de insertar en una historia de ficción vivencias personales y recuerdos?

AE: Mi obra no es autobiográfica, pero sí lo es.  Entiéndeme, no quiero hacer una frase o jugar con la paradoja, sí me gustaría destacar, sin embargo, esa línea difusa entre la imaginación y lo vivido, entre la literatura y la vida. Creo que todo cuanto se escribe tiene que ver con la propia vida, de modo que eso de “insertar” en una historia de ficción “vivencias personales”, es lo más natural del mundo. Ni siquiera se planea. Los personajes de la llamada realidad aparecen sin más. Y entonces sientes que lo comprendes todo mejor. Acuérdate de lo que decía Flaubert: “Madame Bovary soy yo”.

Ed 24. Tienes una personalidad que a veces intimida. No obstante, en otras ocasiones podemos ver en ti expresiones muy tiernas que se manifiestan en tu conversación, en gestos y miradas. ¿Cómo se conecta el ser humano que es Abilio Estévez con la imagen que proyectas como escritor?

AE. Me acabas de descubrir algo de lo que no tenía ni idea. ¿Intimido? No lo sabía, no lo sé.  No creo ser responsable de la imagen que los otros tienen de mí. No me propongo ser de una determinada manera. Quizá esa “intimidación” de la que hablas venga de una profunda timidez, de una gran inseguridad, de la vulnerabilidad. Puede que, como detesto la agresividad, me comporte agresivamente, o por lo menos defensivamente. Pensaré en eso.

Ed 24. Es innegable la influencia de Virgilio Piñera en tu formación como escritor.  ¿Crees que el ensayo dedicado a su persona en tu libro “Testimonios de la orgía” abarca la magnitud de tu relación con él?

AE. No, decididamente no. Siempre he pensado que le debo un libro (¡un libro!) para contar cómo viví esa relación y qué significó para mí. No cabe duda de que dio un vuelco a mi vida, o como he dicho con solemnidad en otras ocasiones: le debo un segundo nacimiento. El problema es que, por un lado, me resulta muy difícil poner en palabras algo que es demasiado inenarrable; y por otro, siempre recuerdo que cierto escritor, hablando de Piñera y de Lezama, me decía que arrimarse a ellos daba prestigio. No lo dijo exactamente con esas palabras, pero fue lo que quiso decir. Y eso no me parece justo, si lo que uno busca con la literatura no tiene que ver exactamente con el prestigio.

Ed 24. En alguna entrevista has afirmado que “No tienes ganas de batallar, salvo con las palabras”, ¿crees que con tu obra vas ganando la batalla? ¿Qué nivel de satisfacción te queda cuando concluyes una obra?

AE. Sí. Sin duda alguna, yo gané esa batalla. No me gusta hablar de ganadores y de perdedores, porque tal vez ese sea un conflicto equivocado. No obstante, sí que gané. Cuando era muy joven, con apenas trece o catorce años, quería ser escritor. Lo logré. Bueno, malo o regular eso no importa. Trascendente o no, eso no importa. Es probable que sea una obra que no resista el paso del tiempo, eso no importa. Le di un sentido a mi vida. Levanté esa obra con esfuerzo, con mucho esfuerzo y con lentitud (soy un hombre lento) y sobre todo con la mayor honestidad de que fui capaz. Proust hablaba de “erigir una catedral”. A lo mejor uno termina construyendo una capilla. Pues mira, eso fue lo que uno pudo hacer, una capilla. El caso es que todo se ordenó cuando encontré ese camino. Siempre que termino un libro pienso que podría haber quedado mejor, aunque me doy cuenta de que lo escribí lo mejor que pude. En suma, que sí, que estoy satisfecho.

Ed 24. Cuba, y especialmente La Habana, están muy presentes en tu obra, así como muchas experiencias que marcaron tu vida para bien o para mal. ¿Sigues conectado de algún modo con la isla? ¿Regresarías a vivir a La Habana?

AE. Es que Cuba, y especialmente La Habana, están muy presentes en mi vida. Yo soy habanero, marianense, y eso es una manera de entender la realidad. Mi vida, como la de cualquiera, es un laberinto de cosas buenas y malas. Cierto que a nosotros nos han tocado cosas muy malas, y entonces sucede que el país duele mucho más. Acá en España se usa mucho una expresión para decir que las cosas son inevitables. Se dice “Eso es lo que hay”. Pues mira, eso es lo que hay. Y sí, sigo conectado con la Isla, o con el archipiélago, porque “eso es lo que hay”. Nací en Marianao y allí viví hasta que salí de Cuba, de modo que ahí aparecieron mis miedos, mis alegrías, mis fobias, mis filias, mis pasiones, mis angustias, mis pesadillas, mis alucinaciones, mis deseos… Todo. No se puede hacer nada para remediar una condición y tampoco es que haga falta. Para bien o para mal, nos tocó una época difícil, o como diría un sabio chino, “interesante”, pues hay que apechugar con la época interesante y sacarle las mayores chispas posibles. Como la etiqueta de la Emulsión Scott, soy el hombre con el bacalao a cuestas. El bacalao se llama Cuba. En cuanto a volver a vivir en Cuba… Creo que no hace falta. Ya vivo en ella.

Ed 24. Dicen que eres un excelente cocinero y que siempre estás buscando nuevas recetas para servirlas en reuniones familiares. ¿Crees que la cocina como acto creativo puede favorecer la creación literaria?

AE. No, no sería capaz de decir que la cocina puede favorecer la creación literaria. Ella se favorece con la observación (implacable), con el trabajo diario, con la lectura…. ¡qué sé yo! Aunque a mí me resulta muy divertido estar escribiendo y tener que ir a cortar una cebolla. Tiene mucho que ver con aquella frase supuesta de El Perugino que a Lezama (que era un hombre a quien le encantaba “incorporar materia a la materia”, o sea, comer) le encantaba citar: “Ve preparando la sopa mientras pinto un ángel más”.

Ed 24. Aunque tus novelas son diferentes, podríamos decir que guardan cierta relación. Muchas veces tus lectores te reconocen desde las primeras líneas ¿Esto es algo que buscas intencionalmente?

AE. No, no es algo que busque intencionalmente. La relación que guardan debe de estar dada porque soy yo quien las escribe, esta persona que soy con su manera de mirar el mundo y de tratar de preguntarle cosas.

Ed 24. ¿La actual situación sanitaria a nivel mundial ha favorecido o ha entorpecido tu ritmo de trabajo y creación literaria?

AE. Yo casi no me he percatado del aislamiento. Es lo que tiene estar encerrado desde mucho antes.

Ed 24. ¿Estás trabajando en estos momentos en una nueva novela? ¿Podrías adelantarnos algo de qué vamos a encontrar en ella?

AE. Sí, trabajo en una nueva novela. Cuando terminé el libro de cuentos que se supone será publicado este año, pensé que me tomaría un gran descanso, porque, sinceramente, me siento muy cansado. Sin embargo, no ha sido así. De inmediato me he puesto a escribir una historia que hace mucho me está pidiendo ser escrita. Y nada, aquí estoy, con el gran cansancio y el deseo (secreto) de cansarme más. Ya sabes la vieja frase: “El hombre propone y Dios dispone”. Lo único que te puedo decir de esta novela es que me voy sintiendo muy libre en ella. Siempre que escribo novelas me siento libre, pero en esta me estoy sintiendo más libre que en ninguna. No sé lo que eso quiera decir. No adelanto nada porque los adelantos son enemigos del trabajo.