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Desde las primaveras árabes hasta los eventos sorprendentes de Cuba, las redes sociales han jugado un papel fundamental para romper la barrera de los temores. Las revoluciones del siglo XXI llegan sin avisar, son grandes explosiones de indignación popular que se presentan de manera espontánea y abrumadora. Pero la simple buena voluntan no es suficiente para hacer que una manifestación pacífica triunfe.

En la experiencia de nuestra redacción cubriendo luchas populares en Birmania o en entrevistas con protagonistas egipcios de la Primavera Árabe, hemos identificado un conjunto de variables vitales para el éxito de una manifestación pacífica. 

Al mínimo estallido local, tomar las calles del país

Sin que nadie organizara las masivas protestas en Cuba, un hecho en un pueblo aislado como San Antonio de los Baños, generó una respuesta masiva en todo el país. Los cubanos estaban atentos a las redes sociales y las imágenes del pueblo en las calles generaron una reacción en cadena a nivel nacional.

Si vives en un país dominado por una dictadura debes aprender a informarte por redes sociales y a evitar la desinformación de la televisión, medios digitales y la radio oficialista. Debes aprender a discriminar lo real del rumor. Miles como tú estarán viendo sus celulares y saldrán en sus localidades a marchar nuevamente. Cuando te enteres que un pueblo, por pequeño que sea, tome las calles, haz lo mismo en el tuyo. 

Permanecer en las calles por tiempo indefinido

Cuando un pueblo se lanza a las calles, cada uno de las personas que componen esa masa deben mentalizar que permanecerá en las calles hasta que se cumplan sus demandas. Esto puede durar días o semanas, por lo que prepararse para ese momento marcará la diferencia entre el éxito y la prolongación de la lucha y la represión. 

En la revolución popular egipcia de 2011, los manifestantes marcharon en todas las ciudades del país, desde los pueblos más polvorientos y olvidados hasta las grandes urbes. Desde el 25 de enero al 11 de febrero los egipcios se mantuvieron en las calles pidiendo la renuncia y la transición. En 17 días llevaron a Hosni Mubarak, dictador del momento, a dimitir y esconderse enfermo en un hospital. 

Durante las manifestaciones en el Cairo, capital egipcia, la población identificó la plaza Tahrir como el punto de referencia donde debían desembocar todos los manifestantes de los barrios de la ciudad. La policía y el ejército intentaron desalojarlos en varias ocasiones, pero los manifestantes siempre regresaban a dormir allí, hasta la renuncia de Mubarak. 

Mantener el anonimato 

Cuando un manifestante, que dio la cara en las primeras horas de un levantamiento popular, retorna a su casa, se expone a que los grupos represivos y los colaboracionistas (civiles a favor del régimen) lo aborden y lo encarcelen. Cuando se sale del amparo de las masas el manifestante queda expuesto a la violencia del poder armado al que combate. 

Por tal motivo, cuidar la seguridad personal, es una responsabilidad del manifestante. Si va a realizar acciones de resistencia lo más prudente es que se cubra el rostro y todos los elementos distintivos (tatuajes, cicatrices, anillos etc). 

Identifica a los colaboracionistas

Una lucha pacífica por una causa noble como la libertad y la democracia, es de todo menos ingenua. Existen momentos donde el caos y la espontaneidad hacen pensar que todo estará bien en poco tiempo. Pero nada más alejado de la verdad. Los manifestantes no han tenido tiempo de organizarse, pero las dictaduras llevan décadas esperando el despertar popular. Los regímenes totalitarios cuentan con personas en los barrios dispuestos a vender a sus vecinos por un diploma. 

Marcar a estos agentes gratuitos ayudará a evitar delaciones, infiltraciones y represiones posteriores. Es fundamental que los manifestantes identifiquen a estos agentes torpes para aislarlos de las marchas o evitar que tengan acceso a identidades de otros manifestantes. 

Concentración y vida en el lugar

Una manifestación prolongada con la toma de espacios públicos lleva, de manera obligatoria, cuestiones logísticas. El retorno a las casas es peligroso, al menos en las primeras 72 horas de marchas. Por lo que se deben tomar precauciones, especialmente los jóvenes y las personas que vengan de localidades alejadas. 

Cuando se tome una plaza se debe defender y esa acción implica garantizar acceso al agua potable y alimentación básica. En un primer momento los vecinos darán voluntariamente ese soporte. Pero se debe buscar panaderías y locales de elaboración de alimentos del régimen para tomar posesión y producir para sostener a los más vulnerables, necesitados y manifestantes en general. Ese ambiente de amistad y familiaridad fortalecerá el espíritu de resistencia al mismo tiempo que se desmoraliza a los represores. 

Si existe la posibilidad, y este dato no es menor, llevarle un bocado caliente a los represores, ayudará a que en poco tiempo se niegue a reprimir y se vuelva un brazo defensivo de los protestantes. 

Corte de Internet y reorganización

Incomunicar a los manifestantes no es una acción aislada solo vista en Cuba. De hecho es un protocolo de manual para reprimir manifestaciones populares. Tras el golpe de estado en Birmania en febrero pasado, nuestros colaboradores en Rangún, nos avisaban que tras las dificultades en las comunicaciones venían un corte total. Minutos después del cierre de internet venía una carga represiva del ejército y la policía. 

Uno de nuestros amigos en Birmania nos explicaba que después de estos ataques los manifestantes abandonaban las plazas y se dirigían a sus casas para evitar la furia de los golpistas. Al otro día, sin redes sociales, calculaban la hora de la manifestación. Si era día 7, pues salían en grupos desde los barrios hacia la plaza más importante de la ciudad a las 7 am; al otro día, a las 8 am,y cuando llegó el día 23 de febrero, pues a las 2:30 de la tarde, siempre cuidando de iniciar la protesta en horas de luz.

Con este mecanismo las multitudes salían de sus casas sin necesidad de coordinaciones y confirmaciones de redes sociales. Una forma efectiva de organización que quebraba el control de los militares. Los cubanos, al no estar familiarizado con estas normas no escritas de lucha pacífica, quedaron sordos, ciegos y mudos en su primera gran manifestación.

Cortar los ojos de los represores

Este punto no alude, para nada, a una acción violenta. Los ojos del régimen en los barrios son las innumerables cámaras que controlan los movimientos populares. En casi todos los países estos dispositivos se usan para seguridad ciudadana. Pero en las dictaduras son parte del dispositivo de represión. Destruirlos es fundamental para dificultar las estrategias represivas y garantizar el control de los barrios por los manifestantes.

Los barrios cercanos a las plazas tomadas son los lugares de escape cuando los policías y militares reprimen al pueblo allí concentrado. Por tal motivo, garantizar la retirada a barrios seguros, cortará el ímpetu de los represores, que deberán entrar a barrios de los que no conocen la realidad defensiva de los pobladores

Cuba acaba de pasar el primer nivel a la libertad, las experiencias de esta jornada les ayudará a ser más efectivos en la próxima. El pueblo cubano despertó y cuando se abren los ojos es imposible que vuelvan a controlar tu mente.