El mundo parece que va lento en eso de que las decisiones de gobierno deben ser tomadas sobre criterios basados en la ciencia y no en el parecer del político de turno.

Hoy muchos están de acuerdo en que el debate fundamental de la política ha dejado de ser el enfrentamiento entre derecha e izquierda y se ha convertido en un problema de democracia versus dictadura.

Esa contradicción implica también el enfrentamiento entre ciencia e ideología. Mientras la ciencia, incluidas las ciencias sociales y humanísticas, tienden a la democracia, las ideologías tienden al pensamiento único y por tanto a la dictadura.

Creo que una diferencia cardinal entre ciencias e ideologías es que mientras aquellas son esencialmente creativas y innovadoras, las ideologías tienen naturaleza conservadora y a veces hasta destructiva.

Si algo pudiera clasificarse como NO revolucionario, en el sentido de la superación y el mejoramiento sistemático que denota el concepto de revolución, eso sería un sistema de gobierno regido por una ideología.

Hay otra manifestación esencial de nuestra capacidad creativa, que pudiera ser o no ser ciencia, pero que igualmente propende al buen gobierno, y es aquello que tiene que ver con la creación de determinados valores intangibles. Ahí se incluyen las artes, la normas para la buena convivencia y todos aquellos valores que se aporten en base a lo justo, lo armónico y lo bello.

Cuba es un caso extremo en el hemisferio occidental. Su constitución deja claro que el Partido Comunista de Cuba es la fuerza superior dirigente de toda la sociedad.

El PCC –regido por un anciano con una ideología del período de la Guerra Fría– cuenta con 600 000 miembros que supuestamente son los encargados de dirigir una población superior a los 11 millones. En la práctica sabemos que se trata de una organización vertical cuyas decisiones fundamentales son tomadas por un puñado de personas.

Si bien las ciencias deberían prevalecer en la gestión de una sociedad en todo momento, estas se hacen particularmente importantes en períodos de crisis. Y desde luego, también deberían prevalecer aquellos valores intangibles que mencionamos y que se basan en lo justo, lo armónico y lo bello. Si fuera así, cuantas contradicciones absurdas y pérdidas de tiempo nos ahorraríamos.

Pongamos un ejemplo. Hace poco el debate ideológico –al ser nuestro país regido por una ideología, desde luego que todo debate tiene esa esencia–, era el tema de si se debía dejar entrar o no un crucero con personas infectadas por Coronavirus.

Puedo equivocarme, pero casi estoy seguro que la mayoría de los que criticaron al gobierno cubano por haber aceptado recibir al crucero, lo habrían tildado de cruel y despiadado régimen si no los hubiera aceptado. Y viceversa, los que defendieron la decisión de las autoridades, hubieran aplaudido la decisión de no recibir el crucero como una actitud responsable del gobierno para proteger al pueblo.

Si se acudiera siempre a criterios de racionalidad científica sobre qué es lo que se puede o no se puede hacer en cada caso, y a criterios de valores éticos (No ideológicos) basados en lo justo, lo armonico y lo hermoso, el problema del crucero no habría pasado de algunos titulares de prensa.

¿Y ahora qué podemos hacer los cubanos con esta crisis del Coronavirus? ¿Mandamos a los niños a las escuelas, vamos a trabajar, nos quedamos en casa…?

Pues ahí están los médicos, los economistas, los educadores, los medios de comunicación para facilitar el diálogo social (no para hacer propaganda como ahora), están los juristas, sociólogos, sicólogos, las familias… En todas esas voces está la respuesta correcta. No en el PCC.

Foto: El Periódico

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