Comenta Harold Cárdenas de La Joven Cuba el “contraste entre las palabras del primer ministro Marrero y el comportamiento de la prensa partidista. El gobierno cubano presenta aquí dos fuerzas distintas: (…) Marrero que hace unos días en la Mesa Redonda tuvo una postura abierta a la participación ciudadana que le ganó numerosos elogios, incluso de personas críticas de su gobierno”.

Por otra parte, lamenta Harold que “medios nacionales se dediquen a escalar conflictos digitales (…) lo que hicieron Granma, Cubadebate y CubaSí fue descalificar a todos los medios y personas que habían expresado dudas o críticas sobre la gestión inicial de la crisis… Neutralizar la participación ciudadana y atacar medios que no pertenecen al sector financiado por el gobierno federal estadounidense, no es unirse ‘más allá de preferencias políticas’, por citar a Marrero. El manejo de la pandemia por los nuevos líderes del gobierno cubano está demostrando ser muy superior al sector ideológico del Partido Comunista de Cuba”.

Leyendo eso, uno piensa que hay una mano (ahora explico por qué digo mano) del gobierno cubano “abierta a la participación ciudadana” y hasta a las distintas “preferencias políticas”, y otra mano que acusa de mercenarios a ciudadanos que piden determinados beneficios en esta hora difícil. Como si las dos manos no obedecieran al mismo cerebro que es el partido único PCC, “inmortal” y omnipresente.

Eso me ha recordado la técnica de interrogatorio del policía malo y el policía bueno, que aplican la PNR —sobre todo a los disidentes—, el FBI y los guarapitos de la conchinchina.

A nivel general los regímenes totalitarios son sistemas policiales. Incluso en sistemas más o menos democráticos es necesario mantener impoluta la imagen del dirigente político, y se hacen necesarias las figuras de testaferros y chivos expiatorios para que hagan el trabajo sucio o carguen con las culpas.

Eso ha sido crítico en un sistema de concepción paternalista, como es el cubano. El paternalismo cultural es la religión tácita del sistema político cubano. Es muy importante a los efectos del sostenimiento de Poder político en Cuba porque actúa a nivel subconsciente en la especie humana.

¿Por qué mencioné lo de la “mano” anteriormente? Si usted ha visto la extraordinaria pintura El Regreso del Hijo Pródigo, de Rembrandt, notará que hay una mano del padre (Dios) que es masculina y otra femenina. Una representa la fuerza, potencialmente violenta y castigadora; la otra simboliza el amor perdonador.

Aunque ambas cosas parten de una misma fuente: el Poder de Dios, a nosotros la cultura nos ha querido inculcar que cuando sufrimos un infortunio, incluso cuando se plantea que hemos recibido un castigo divino, pues es totalmente porque nos lo merecemos, la culpa es nuestra, o de un majá enredao en una mata, incluso de la mujer, o lo que sea, pero no es culpa de Dios, porque Dios es Amor.

Hace años un amigo me contaba un chiste de una viejita en Cuba a la que un periodista extranjero le hacía una entrevista.

—Señora, ¿que usted cree del pan que el Estado cubano (el de la bodega) le ofrece al pueblo?

—Mire, ese pan es una mierda, no sirve para nada, una falta de respeto.

(El periodista toma nota)

—O.K. Cambiando de tema, ¿me puede decir que usted piensa de Fidel?

—¡Ayyy… Fidel es un pan!

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