Habana, capital de todos los cubanos

San Cristóbal de la Habana fue, entre las primeras siete villas fundadas por los españoles en Cuba, la que más temprano tomó formas de ciudad. A partir de la Plaza de Armas, sitio donde ocurrió el acto fundacional del 16 de noviembre de 1519, partieron los primeros caminos, bordeando en dirección sur el litoral de la bahía.

La villa fue creciendo con una regularidad relativa: con manzanas de formas y tamaños variados y calles estrechas y retorcidas. A diferencia de otras villas cubanas, La Habana no tuvo un único núcleo urbano donde se concentraban las funciones más importantes. Un sistema de plazas y plazuelas con diversas funciones le dio el carácter policéntrico que hoy mantiene.

A inicios del siglo XVII residían en la villa alrededor de 4 mil habitantes en un área de 37 hectáreas, de las 143 que luego tendría la ciudad intramuros. La Habana pronto se definió como una ciudad de puerto-escala, con una economía basada fundamentalmente en los servicios para una población flotante que permanecía varios meses en puerto y que llegó a doblar a la población local.

Las fortificaciones militares resultarían las obras más significativas. En 1558 inicia la construcción del Castillo de la Real Fuerza, concluido hacia 1577. En 1763, luego de once meses de ocupación de La Habana por los ingleses, comienza la construcción de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, terminada en 1774.

La Habana se fundó para esperar (…) ¿Qué? Todo. Nada. Cualquier cosa. La verdadera ocupación es esperar.”

ABILIO ESTEVÉZ

Tras el cese de la ocupación inglesa también se crean los primeros espacios para la distracción: la Alameda de Paula ‒cerca de la cual se erigiría el primer teatro habanero: el Coliseo o Principal‒, y luego el Paseo de Isabel II o de extramuros, hoy Paseo del Prado.

También las edificaciones religiosas constituyeron hitos urbanos durante los siglos XVII y XVIII. En 1628 comienza a construirse la plaza de San Francisco, en los terrenos aledaños a la iglesia de igual nombre. En 1643 se concluye el Convento de Santa Clara de Asís, y en 1668 la iglesia de San Francisco de Paula. De 1725 data la fundación del Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio; y en 1748 inician la construcción de la iglesia de los jesuitas, luego sede de la Parroquial Mayor (1772), exaltada a Catedral en 1787.

Otras obras importantes del siglo XVIII son la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, de 1728; en 1772 se levanta la Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo, cerca del cual se erige, en 1791, en los terrenos donde estuvo la Parroquial Mayor, el Palacio de los Capitanes Generales.

Entre 1834 y 1838, se desarrolla un amplio plan de obras públicas diseñado por el Capitán General Miguel Tacón, que embellece la ciudad con nuevas edificaciones, teatros, plazas y paseos. Aparecen la nueva cárcel, diversos mercados en espacios públicos, el teatro Tacón, así como otras instalaciones que avivan la vida habanera en torno al Paseo del Prado, como teatros, hoteles, plaza de toros, salones de baile, sociedades de recreo, la primera terminal de ferrocarril e, incluso, modernas fábricas de tabaco.

Para 1863, cuando son demolidas casi en su totalidad las murallas que protegían la ciudad vieja, la mayoría de los pobladores residían en la zona de extramuros. La Habana sigue creciendo hacia el oeste, alcanza la calzada de Belascoaín para aumentar el área construida a 7 Km2. En 1890, el área urbanizada se extiende hasta la calzada de Infanta, para cubrir un total de 10 km2. Para esa fecha la población general de La Habana se calcula en 200 mil personas.

En 1893 se concluye una de las mayores obras de ingeniería civil en Cuba de todos los tiempos: el acueducto de Albear. Y en 1901 comienza la construcción de lo que tal vez sea la obra pública más emblemática para los habaneros y cubanos: el muro del Malecón, cuya construcción se prolongará hasta la segunda mitad el siglo XX.

Con el advenimiento de la era republicana en 1902 la Habana crece a un ritmo vertiginoso; los términos municipales definidos en el siglo anterior ya no le bastan y empieza a invadir terrenos colindantes: nace la Gran Habana. Hacia 1920 La Habana proyectaba una imagen urbana monumental y encabezaba, junto a Buenos Aires, la lista de las grandes ciudades de América Latina, por delante de Ciudad de México y Lima.

Aparecen proyectos de vanguardia, como la propuesta (1925-1930) del urbanista francés Jean C. N. Forestier, con planteamientos urbanísticos enfocados fundamentalmente en el Paseo del Prado, la Universidad de La Habana y el Malecón.

En la zona de extramuros surgen edificios representativos del poder político, como el Palacio Presidencial y el Capitolio Nacional, inaugurado en 1929 como sede del Congreso de la República. Aparecen también obras arquitectónicas significativas como los palacios del Centro Gallego y del Centro Asturiano.

El aumento del tráfico automotor transforma el borde marítimo: se ganan terrenos al mar para construir la Avenida del Puerto. También se ejecuta la Avenida de las Misiones, bajo la impronta de Forestier, generando una secuencia de espacios públicos en el perímetro de la zona que fuera de intramuros.

La antigua zona de intramuros pierde centralidad, pero conserva funciones portuarias, de comercio y finanzas, estimuladas por la penetración de capital norteamericano. Esta concentración de actividades comerciales y financieras se expresa en la arquitectura que nace, de mayor altura y fuerte volumetría, dentro de la que se destaca el edificio de la Lonja del Comercio, de 1909. El área sería reconocida como el pequeño Wall Street habanero.

El auge del turismo norteamericano en La Habana, estimulado por Ley Seca en Estados Unidos y por la firma de una ley por el presidente cubano Mario Garcia Menocal en favor de los juegos de azar con fines turísticos, favoreció la construcción del Hotel Nacional en 1930.

Durante las décadas de 1940 y 1950 la ciudad se expande con nuevos repartos para las clases media y alta, donde predominan la arquitectura del movimiento moderno.

Se hacen necesarias nuevas vías de comunicación y túneles, que enriquecen el urbanismo de la ciudad. El túnel bajo la bahía (1958), considerado una las maravillas de la ingeniería civil en Cuba, implicó la remodelación de la Avenida de las Misiones y la Avenida del Puerto.

EDIFICIO FOCSA

En 1958 se inaugura en El Vedado el hotel Habana Hilton, catalogado en su época entre los diez mejores del mundo. Para ese entonces El Vedado se había ya consolidado como el área con cualidades arquitectónicas y urbanísticas que aún no han sido superadas en el contexto habanero y cubano, con otras majestuosas obras como el edificio Radiocentro y el Focsa, ubicado en su tiempo entre los mayores edificios del mundo con ese tipo de diseño estructural.

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