La amplia votación en la ONU a favor de la Resolución contra el embargo a Cuba parecería una derrota del actual Gobierno de EE.UU., si no se entiende que en el ajedrez político se dan a comer unas fichas para avanzar hacia otras situaciones de victoria.

La propuesta de incluir en la Resolución ocho enmiendas que denuncian la situación de los derechos humanos en la Isla había sido vista como una buena maniobra por periodistas y analistas opuestos al gobierno cubano. No obstante, aún cuando la mayoría de las naciones en la ONU han reconocido la existencia de estos y otros problemas de derechos humanos en Cuba, todos los países, excepto dos, se pronunciaron en contra del embargo.

Evidentemente, estas naciones no consideran que los problemas de derechos humanos sea una justificación válida para la imposición de sanciones económicas, financieras y comerciales contra Cuba.

El Gobierno de EE.UU., por su parte, sí ha declarado expresamente, en voz de su embajadora Nikki Haley, que “Nuestra razón para el embargo es y siempre ha sido la negación de la libertad y la negación de los más fundamentales derechos humanos al pueblo cubano, por parte del gobierno de Cuba.”

Lamentablemente para el pueblo de Cuba, el embargo se ha convertido en un asunto esencialmente político entre dos gobiernos antagónicos. Eso significa que ha quedado sin la solución técnica-jurídica que podría tener si se partiera de la causa original del embargo a Cuba: la expropiación sin indemnización de propiedades de ciudadanos estadounidenses.

Y mientras el Gobierno norteamericano mantiene el embargo so pretexto de las faltas de libertades en Cuba, el Gobierno cubano limita esas libertades a su pueblo so pretexto de lo que ellos denominan bloqueo y guerra comercial contra la Isla.

Como diría el gran Felix Savón: “la técnica es la técnica”; pero la política es la política.

Este jueves en la ONU, lo que lució como una terrible derrota, pudiera derivar en éxito para el partido gobernante, de cara a las próximas elecciones del 6 de noviembre. El propio jueves el asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, anunciaba en la Torre de la Libertad de Miami un nuevo recrudecimiento de sanciones contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Posiblemente la audiencia que escuchó a Bolton, compuesta fundamentalmente por el núcleo duro del exilio cubano, consideren que la votación en la ONU fue una lamentable pérdida, pero reconocen que por primera vez se intentó una estrategia diferente. También podrían reconocer que lo del “recrudecimiento de sanciones” ha sido algo escuchado e implementado durante demasiado tiempo.

Por su parte, mientras medios oficiales cubanos difundían la “contundente victoria”, periodistas y analistas deploraban en Martí Noticias la ausencia de alianzas por parte de Estados Unidos que hubieran podido inclinar la balanza del resultado final en la votación en la ONU.

Mas si de alianzas se trata, es posible que la verdadera solución al embargo y al problema de las libertades y derechos humanos en Cuba, comience a hacerse realidad a partir del momento en que se aúnen los cubanos de dentro y de fuera de la Isla, para desarrollar una estrategia alternativa a las estrategias políticas que hasta aquí han implementado los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos. La pregunta de once millones: ¿Y ese anillo pa cuando?

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