Cuando yo era un muchacho allá en Buey Arriba ya esos señores estaban moliendo música. Y la gente les tenia un cariño especial. Que bueno ver nuevas generaciones que se han ido integrando a esta tradición. 

Leí una vez que el órgano entró a Cuba por Cienfuegos, procedente de Francia, pero echó raíces sobre todo en Manzanillo y Holguín.

Y ya quisiera yo saber como fue a dar a las lomas de Buey Arriba. Recuerdo sonadas broncas con machete jaláo y to… por tal de que no se llevaran aquel armastoste durante una insólita fiesta en Maguaro, una comunidad que lo mejor que tenía, o tiene, es el nombre. 

Durante los carnavales del pueblo cabecera del municipio la mejor plaza era para la “orquesta”, con algunos músicos aficionados, mas jovenes y algunos con cierta formación de escuela.

Para el órgano improvisaban un lugar más humilde, como el portal de una tienda, por ejemplo. Eran espacios mas pequeños, menos iluminados, con personas un poco mayores, y tal vez por eso algunos preferían irse para allá, y disfrutar de un baile mas pegadito con la pareja, lejos del ruido de la “orquesta” y la “especulación” de los muchachos jóvenes tirando sus mejores pasillos casineros. 

Lo del órgano era otra atmósfera, una mezcla bonita de sonidos de ferias de pueblos medievales, con tamboras y pailas que recuerdan a las orquestas típicas y charangas de salones decimonónicos, y el tumbao sonero de las claves y el güiro del lomerío cubano. Tal vez no sea tanto así, pero así sonaba en mis oídos de chamaco extasiado con aquellos compases de viejos. Y así me suena todavía.

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