Dice Juan Triana Cordoví que lo que viene para Cuba a partir de la crisis internacional e interna por el Coronavirus, será peor que el período especial de los ´90. Uno quisiera que esto lo dijera algún economista “gusano” de Miami; pero lo dice un “profesor permanente del Centro para Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana”, y es cuando uno piensa que en esta aventura sí nos harán “puré de tarco”.

Es difícil imaginar un escenario peor a aquel de principios de los ´90. Nadie puede saber si Cuba perderá más o menos del 35% de su PIB y del 85% de su comercio, como pasó a inicios del Período Especial; pero perder solo una mínima porción de esos números en las precarias condiciones actuales, significaría regresar casi a los años 92-93.

Concretamente, se pronostican posibles caídas en las exportaciones de renglones fundamentales que ya han sido afectados como el níquel, azúcar, bebidas y tabacos. También se avizoran reducciones drásticas del turismo y de las remesas.

“Para (…) cubanas y cubanos, esta es quizás la situación más dura de todas las que han tenido que enfrentar desde el inicio del siglo pasado. (…) ya está muy claro que la situación que tendrán que enfrentar y vencer sobrepasa en todos los aspectos aquella otra vivida a inicios de los noventa. No hay parangón.”, afirma el economista.

Triana no habla de la posibilidad de un éxodo, y el consiguiente agravamiento de la crisis ante la ausencia de fuerza de trabajo joven y calificada. Claro, es imposible abarcar en un artículo todos las causas y consecuencias que como en efecto dominó podría desencadenar un retroceso a la opción cero.

De Júcaro a Morón

Entre las dos etapas (1990 y la actualidad), se observan par de diferencias que pueden ayudar a que la cosa no sea peor en la actual coyuntura. Ambas están dentro de Cuba, que es donde hay que buscar el pollo del arroz sin pollo.

Mucho antes de que llegara Trump a la casa blanca y que el primer chino estornudara, ya teníamos un bloqueo interno que impide liberar las fuerzas productivas del país. Dentro del gobierno cubano ya son menos los que apuestan por mantener una valla ante esas fuerzas, porque saben que el país no va aguantar por mucho tiempo esas barreras económicas que le impiden avanzar, y menos en un escenario de crisis.

Los cambios de hoy pa’ mañana en medio de la actual crisis por el Coronavirus, sugiere que existen desacuerdos entre los miembros de una estructura de dirección que nunca trabajó en base a protocolos institucionales, sino a partir de las decisiones unipersonales del extinto jefe.

Funcionarios con intereses y visiones particulares (honestos o gusañeros), reformistas, académicos, y de manera general, la ciudadanía, van a presionar (ya lo están haciendo) porque se tomen medidas en la misma dirección de las que se tomaron en los `90, pero sabiendo que aquellas medidas paliativas no son suficientes en el escenario actual.

Lograr una Ley de Empresas que incluya las PYMES en Cuba, por ejemplo, puede ser menos arriesgado hoy que lo que fueron los trabajadores por cuenta propia en el 90. Entregarle la propiedad de las tierras al campesino, junto con facilidades para la producción y la comercialización, es ir más allá de las UBPC para terminar de cumplir la Ley de Reforma Agraria. Eso por solo mencionar par de ejemplos.

Por su parte, la ciudadanía comienza a experimentar la fuerza y la efectividad que tiene cuando se une para ejercer presión sobre el gobierno, del que ya poco esperan, pues al cabo de tantos años saben que sus gobernantes no han tenido ni la voluntad ni la capacidad de hacer otra cosa que pedirles que resistan. Saben cuales son sus necesidades, y se han lanzado a exigirle a los mandatarios la satisfacción de esas necesidades.

El miedo está dando paso a la indignación. La aceptación pasiva cede terreno ante brotes pequeños, pero saludables, de manifestaciones de inconformismo, de denuncia, e incluso de propuestas concretas como #LeyDeProteccionAnimalYa y #QueremosCandonga (libertad de mercado). Y están desarrollándose tanto en las redes sociales, como en otros escenarios reales.

Interesantemente, en los últimos reclamos a raíz de la situación con el Coronavirus, la ciudadanía ha desplazado y opacado totalmente a la hemipléjica oposición tradicional, y ha tomado la delantera en cuanto a iniciativas que se supone debieron venir de las autoridades.

Las personas comienzan a erigirse en protagonistas de una lucha cívica —espontánea por ahora, pero que logra rápidamente enfocarse en determinadas áreas— por encima del rejuego político gobierno-oposición que ni tumba ni arregla nada.

Hoy los cubanos tienen en sus manos medios de conexión que antes no tenían y que les permite un mayor acceso a la información y a la comunicación. Esos medios les han servido de ventanas para ver un mundo exterior que antes no veían, y al mismo tiempo esas ventanas abiertas han dejado entrar la luz para ver mejor las cosas al interior del país. Como en los muñes de Elpidio Valdés, saben que las autoridades no van a abrir la trocha por voluntad propia, y están tirando con ventanas.

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